Plutarco en defensa del amor y las mujeres. Eros y la homosexualidad y heterosexualidad en sus tiempos.

Como sabemos Plutarco era un gran biógrafo, escritor y filósofo que nació en Beocia (Grecia) en la época en que gobernaba en Roma el emperador Claudio.

Escribió obras extensísimas como Vidas Paralelas y los Moralia; además de narrar episodios y hablar sobre personajes y gentes de su tiempo, creaba diálogos que entre divertidos y serios iba dándole forma a su manera de ver las cosas.

Es curiosa la posición de Plutarco, porque como sucedía en Grecia, las primeras relaciones amorosas y sexuales eran entre hombres y ya cuando llegaban a una edad determinada prácticamente se les recomendaba buscar una mujer para casarse con el fin de procrear. No era por lo tanto extraño sino más bien lo lógico, que se dieran relaciones íntimas entre un profesor y sus alumnos o en la guerra, etc.

Evidentemente Plutarco no iba a ser diferente en este sentido, pero, y eso casi nunca se menciona o se estudia, fue un gran defensor de la mujer hasta el punto de unirla al concepto de eros, cosa en la que la mayoría no estaba de acuerdo.

Su obra más leída es Vidas Paralelas, en donde hay pasajes que nos dejan rastros de ello. Sin embargo donde crea tratados más amplios sobre la mujer y su importancia es en los Moralia, especialmente en Amatorius. (No he podido encontrar la obra en Internet, lástima, porque aunque sea algo rollosa, seamos sinceros, sí tiene pasajes interesantes, no sé si en nuestros tiempos puede ser entretenida, pero sí muy sustanciosa como todo lo referente a él, un gran observador y con una nueva perspectiva en su tiempo hacia el amor y la mujer.)

Para dar un ejemplo: Amatorius es al estilo platónico, mediante diálogos y al principio transcurre durante la celebración de las fiestas Erotidias en la ciudad de Tespias. Un dato: Eros es venerado en Beocia. Es así como da comienzo una conversación sobre Él provocada ésta por un episodio que se estaba desarrollando en esos momentos: el amor tempestuoso de una joven viuda, rica y bella, por un muchacho mucho menor que ella. En el transcurso del relato nos enteraremos sucesivamente de cómo Ismenodora, que así se llama la viuda, rapta al muchacho, Bacón y finalmente se casa con él superadas ya todas las dificultades y con el beneplácito de familiares y amigos. Es así como esta anécdota da pie para las sucesivas reflexiones sobre el amor.

Pero claro, con el cacao que tenían … ¿Respecto a qué amor?
Aparecen en escena los interlocutores entre los cuales, algunos se oponen violentamente a esta boda, como Pisias, el erastés de Bacón y sus amigos. Esta oposición se nos aparece, sin duda, causada por el amor de Pisias, pero en un segundo plano se entrevé la transgresión que supone la conducta de Ismenodora.

Es decir, para una mujer está vedado el amor y es que, como antes he aludido, el término enamoramiento, para un griego, sugería inmediatamente un jovencito agraciado. Pero no debe sorprendernos cuando hace no más de cinco siglos, en el Contra Neera (PS. Dem. 59, 122) se decía: “Tenemos las heteras para el placer, las concubinas para el cuidado diario del cuerpo, las esposas para la procreación de hijos legítimos y la guarda cuidadosa de la casa…

O cuando Pisias afirma (752 B) que las mujeres decentes no pueden enamorarse ni ser objeto de amor y Protógenes, amigo incondicional de Pisias, se despacha diciendo que el matrimonio es solamente algo necesario para la procreación ya que el verdadero amor, Eros, nada tiene que ver con el gineceo. En ningún caso se puede, por tanto, a su juicio hablar de eros en relación con las mujeres y a continuación (75 1 B), comenta la ley de Solón que prohibía la relación sexual de esclavos con muchachos, pero no con mujeres y concluye: “La amistad es algo belllo y cortés, el placer es vulgar e impropio de hombres libres. Por eso no es cortés ni propio de hombres libres el amar a jóvenes esclavos. Ese amor es solamente cópula, como el amor de las mujeres.”

Pero Plutarco no piensa así. Y con respecto al tema concreto de la boda con Ismenodora expone ante sus adversarios su aprobación.

Él no encuentra objeciones a ese amor ni en la riqueza de Ismenodora ni tampoco en que sea de más edad que Bacón y argumenta sobre esto último: “Si la nodriza manda en el bebé y el maestro en el niño, el gimnasiarco en el joven y en éste su erastés, y en ese mismo joven cuando llega a adulto la ley y el general, y nadie escapa al mando ni es independiente ¿…que de extraño hay en que una mujer inteligente, de más edad, gobierne la vida de un hombre joven?” :)))

En el capítulo 21, Plutarco está contestando a Zeuxipo, vemos que aquél está desarrollando una teoria del enamoramiento de corte epicúreo: “Los eidola que emanan de los muchachos entran en el cuerpo de sus amantes ¿Por qué no ha de ocurrir lo mismo en el caso de las mujeres?” se pregunta. “Estos recuerdos bellos y sagrados que nosotros evocamos de aquella belleza divina, verdadera y olímpica, de los que está dotada el alma alada, dice, ¿qué impediria que surgieran de las mujeres o de las doncellas, así como surgen de muchachos y jóvenes, siempre que se haga manifiesto un carácter puro y decoroso en la sazón y gracia de su belleza?

Vemos, por lo tanto que , por un lado, no niega legitimidad al amor masculino, en lo que se muestra dentro de las tradiciones patrias. No obstante, en el transcurso de su argumentación terminará por censurar de una parte el amor físico masculino, de otra su inconstancia mostrándose cada vez más como defensor del amor conyugal.

Es Así, replicando a Zeuxipo, cuando identifica amor con deseo; le disculpa en la idea de que éste habría sacado dichas conclusiones tras haberlas oído a hombres de mal carácter que nunca se enamoraron . Tales varones se han casado frecuentemente sólo por la dote de infelices mujeres, y después les hacen llevar una vida llena de economías, de reproches groseros, teniéndolas sometidas a su mano. Otras veces les ha llevado al matrimonio solamente el deseo de hijos, y, en una comparación muy gráfica, dice que estos hombres, así como las cigarras, fecundan una cebolla marina o lo primero que les viene al paso están dispuestos a fecundar el primer cuerpo que encuentran. Cuando han obtenido el fruto mandan a paseo el matrimonio o bien, si el matrimonio se mantiene, no se cuidan más de amar o de ser amados (767 C – 767 E). Pero el matrimonio, a su juicio, requiere fundamentalmente un trato de mutua templanza. Ésta, si está impuesta por la vergüenza o el miedo, es siempre posible para los que viven juntos. Pero el Amor que tiene tanto dominio de sí, decoro y fidelidad que, aún tratándose de un alma licenciosa, la aparta de otros amantes, suprime su osadía y la dota de las virtudes necesarias (767 E).

Como ejemplo cuenta la historia de Lais, que hizo arder con el fuego del deseo a toda Grecia, de mar a mar, pero cuando se enamoró de verdad llevó una vida retirada. Luego, para exponer un ejemplo continuado de fidelidad de las mujeres narra la historia de Camma, una historia de bárbaros, ya que Camma era de la Galia. Tras este relato es cuando ocurre el primer ataque a las relaciones sexuales masculinas antes aludido. Se presenta éste ante la objeción posible de que cuando Afrodita acompaña a Eros no es posible la amistad. En cambio, en el caso de las mujeres legitimas, las relaciones físicas son el comienzo de la amistad, como si fuera una participación en los grandes misterios (769 B). El placer es breve, añade, pero de ahí germina el respeto, la gratitud, el cariño y la fidelidad mutuas, Otra objeción podría presentarse después, piensa, la de quienes afirman que en el amor de las mujeres hay mucho de vileza y locura. ¿Y en el de los jovencitos no es aún mayor? contraataca. Tal cosa puede ocurrir en uno u otro caso, pero sería absurdo afirmar que en la mujer no puede haber virtud. Por el contrario, en la mujer hay moderación, inteligencia, fidelidad y justicia, que muchas mujeres han manifestado con grandeza de ánimo, valor y coraje.

Zeuxipo no está de acuerdo en absoluto. Por lo tanto, a continuación Plutarco le advierte de lo infundado de su temor en los comienzos del matrimonio. lo que nos hace sospechar que nuestro epicúreo seria un solterón empedernido a quien Plutarco quiere hacer mudar de estado

Es una pena que aquí hayan desaparecido parte de los manuscritos, cantidad de alusiones que nos perdemos y que continúa así… Las heridas y mordeduras en esos comienzos no deben alarmar si se producen con una buena esposa. También causan trastornos los estudios a los niños principiantes y a los jóvenes la filosofía, pero los efectos de esa lesión no son permanentes ni para los estudiantes ni para los amantes. Es como la mezcla de dos líquidos; también el amor produce al principio efervescencia y agitación pero luego se asienta y se produce la estabilidad. La unión de los amantes es la llamada verdadera fusión integral no como la de los átomos de Epicuro que chocan y rebotan, con fina ironia hacia las doctrinas filosóficas de su oponente.

La fidelidad

El último tema que emprende es el de la fidelidad. Como ya anticipábamos antes, contrapone la inconstancia de los muchachos, de los erdmenoi, a la fidelidad de las mujeres. Hay pocos ejemplos de uniones duraderas entre hombres pero innumerables son las historias que manifiestan la lealtad de las esposas en el matrimonio y entonces expone la reciente historia de Empona, ocurrida durante el mandato de Vespasiano. Con esto, cuenta Autobulo, el diálogo sobre el amor llegó a su fin porque ya se encontraban a la entrada de Tespias.

El broche final lo constituye el encuentro con un amigo de Pisias, Diógenes, que viene a
advertirles para que lleguen a la boda de Ismenodora y Bacón que va a celebrarse y en la que el propio Pisias va a dirigir la procesión ante el dios Eros.

Plutarco manifiesta entonces su alegría por ver la intervención favorable del dios en toda la empresa y así termina el dialogo.

Si repasamos al dialogo podríamos planteamos algunas preguntas partiendo de sus argumentos: En este proceso del amor ¿existe el enamoramiento? Ante la cual, Plutarco piensa que es posible enamorarse tanto de muchachos como de mujeres. Dice que las causas y orígenes del Amor no son privativas del uno o del otro sexo sino comunes para ambos(766 D-E)

Amor o deseo

Plutarco está también en contra de la unión camal por el mero placer, como leemos más adelante en sus propias palabras: La relación física (Xía) sin amor es como el hambre o la sed, al producir la satisfacción a la fuerza no lleva a buen fin. Pero la diosa (Afrodita) en colaboración con Eros, quita la saciedad del placer y crea el afecto y la fusión (756 E).

No aclara por supuesto qué clase de unión es, homosexual o heterosexual, pero en cualquier caso vemos que para nuestro autor es fundamental la amistad, el afecto, en las relaciones amorosas y en esa misma dirección se encuentra la afirmación que podemos leer un poco después (759 F), también por boca de Plutarco, de que el favor de Afrodita es débil y de corta satisfacción si Eros no lo inspira.

Amistad

Otro tema que hemos visto surgir en el apartado anterior es el de la amistad, la filia. ¿Es posible que entre los esposos surja la amistad? El tema de la amistad tiene un largo raigambre filosófico.

Es así como surgen los preceptos o consejos, que están precedidos de una dedicatoria de Plutarco a sus amigos, quienes acaban de contraer matrimonio oficiado por la sacerdotisa de Deméter según la ley patria .

En esta dedicatoria Plutarco les recuerda las enseñanzas de la filosofía que ambos han recibido en relación al matrimonio y dice que se las manda como un compendio de breves comparaciones que puedan recordar fácilmente. Son éstas en número de cuarenta y ocho, y de longitud desigual. También su contenido es variado; unas veces va dirigido más al marido como destinatario; otras, a la mujer; en otros casos son ambos los que aparecen implicados; pero, como indicábamos al principio, la índole práctica de estos consejos hace que, a veces, nos encontremos bastante lejos del acento elevado que sobre el Amor ha puesto Plutarco en la obra comentada precedentemente. Veamos…

Por ejemplo:
“Al comienzo, sobre todo, los recién casados deben guardarse de discusiones y choques viendo que algunos cacharros caseros, al estar compuestos de piezas sueltas se hacen pedazos fácilmente por cualquier causa, pero con el tiempo, cuando las junturas se han pegado bien, apenas se pueden separar ni con fuego ni con hierro.”
Aquí la advertencia va dirigida a ambos y de tono más cotidiano.

El 9, en cambio, va referido solamente a la mujer y no carece, en su símil, de cierto tono poético:
“A la luna, cuando se aleja del sol, la vemos radiante y clara, pero desaparece y se oculta al estar cerca de él. Al contrario, la mujer casta debe ser vista sobre todo cuando está con su marido, pero ha de estar en casa y ocultarse cuando él está ausente.”

Hay indudablemente un progreso en la vida de la mujer en esta época si solamente debe recatarse en ausencia de su marido. Mucho más limitado es el marco en que se mueve la mujer griega de la época clásica de una cierta clase social, a la luz de los documentos que poseemos.

Ha de pensarse, sin duda, en la influencia de la sociedad romana sobre la griega, en cuanto a la participación de la mujer en la vida social, y lo que sabemos de la mujer romana de la época es que su conducta era sumamente libre. De ahí este precepto restrictivo, quizás.

En otros casos, Plutarco se muestra crítico respecto al hombre, como en el consejo 15: “Los que no miran con agrado que sus mujeres coman con ellos las enseñan a hartarse a solas. Así los que no quieren compartir con ellas sus alegrías ni sus bromas y risas las enseñan a buscar sus propios placeres sin ellos.”

Si hacemos un balance de qué elemento de la pareja recibe un mayor número de advertencias, quedaría más o menos así: 23 consejos a la mujer, 61 específicamente al hombre, 16 a ambos, 2 que podríamos llamar ambiguos, pues tratan sobre el comportamiento de las suegras, aunque, en definitiva, van más bien endosados a la mujer. Queda sin contabilizar el último, ya que es a manera de epilogo dedicado a Euridice, la esposa y alumna de Plutarco y de 61 tendríamos que referirnos separadamente. Entonces… ¿Cual sería el balance no numérico sino ideológico?

Pues aparentemente son bastante sarcásticas respecto al pensamiento un tanto machista. Así, por ejemplo, cuando en el número 16 (140 B) aconseja a las mujeres no enfadarse ni irritarse si sus maridos cometen alguna falta con una hétera o una criada joven. Esto lo hacen, dice Plutarco, porque por su respeto a la esposa no quieren hacerla compartir su embriaguez, libertinaje y desenfreno.
Ciertamente que esto suena a una moral masculina que ha llegado hasta nuestros días.

Llama feliz a la ciudad en la que raramente se oye decir: “Esto es mío y esto no es mío.”
Del mismo modo él considera feliz al matrimonio que no pronuncia tales expresiones; el marido o la mujer deben sentirse recíprocamente implicados por las mismas cosas. Lo mismo ocurre con la procreación: el fruto común se produce por una mezcla en la que ninguno de los dos puede distinguir ni separar lo que es suyo. En conclusión, cree Plutarco que los esposos no deben distinguir de cuál de los dos son los bienes, sino considerar que todo es común y nada del otro.

No obstante, al final, una última comparación descompone las anteriores imágenes , creando una especie de ambigüedad al afirmar que, “así como a la mezcla de la bebida se le sigue llamando vino, aunque tenga en su composición más agua, del mismo modo conviene que las propiedades y la casa se diga que son del marido, aunque la mujer haya contribuido con la mayor parte. “

Surge cierta tentación de preguntarse cómo sería Plutarco a su vez en el papel de esposo, él que tantos y varios consejos dirige a los demás.

Aparentemente, en las cartas enviadas a su esposa subyace siempre la admiración por ella… Suele aconsejarle calma, hasta el consuelo que le envió estando él lejos al morir una de sus hijas. Pero, como todo, no es posible abrir la puerta de la casa de Plutarco y escribir sobre él como él hizo sobre los demás.🙂

Aquí podemos observar el culto al cuerpo masculino y diferencias con el femenino, algunas de las cuales ya he incluido en el artículo: La Escultura griega

Gracias a Rosa María Aguilar nada menos que de la Universidad Compluentence de Madrid (es que hay varias mujeres conocidas con el mismo nombre) por sus detalles que me llevaron a observar las cosas más de cerca sobre este estupendo filósofo.

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