Somalia se muere de sed


Oímos hablar de Somalia o las noticias suelen tratar por encima y siempre de forma morbosa las guerras que se producen y nos suenan lejanas… de película.

Pero mientras desarrollamos nuestra vida con sus altibajos, allí, en ese pedazo de tierra que sólo nos da idea de mapa, hay una multitud que camina, que huye de las armas humanas y de la naturaleza que se le dio por ponerse en contra también.

Vamos a acercarnos a ella, a activar nuestro zoom e intentar palpitar a su ritmo aunque sea por un momento.

Vemos por lo que la dibuja, una extensión extraña que la delimita con esa punta dando hacia el Golfo de Aden, sin tocar el mítico Mar Rojo. Tiene enfrente a Yemen y la rodean nada menos que Kenia y los famosos safaris de ricos y aristócratas con esmoquin, la enorme Etiopía, Uganda y Tanzania. La India casi delante de sus costas separada por el mar… Y cerca de ella, ya en Asia, está la poderosa Arabia que nunca dejó de invadirla, pero extrañamente llegó Brasil hasta allí y estuvo dominándola hasta que se la arrebataron los ingleses.

El comercio fue la gran baza de todos los que la ocuparon. Llegado este instante, nos preguntamos cuándo la gente que camina sobre ella sintió la paz, la satisfacción y el lujo de poder estar integrada en su amplitud y belleza. No han tenido tiempo a acomodarse, utilizados para los grandes intereses de unos pocos, acumulativos de sufrimiento, recaudadores de sangre a cambio de una fútil riqueza. La vana y estúpida búsqueda de fortuna que deja sin alma a quien la explota.

Es así como desde finales del 2009 Somalia lleva otro ciclo de guerra brutal, despiadada, comiéndola no sólo por fuera.


Esos cambios extraños de clima que conllevan también la agresividad extrema le quitó el agua… Ni “El Niño” llegó con sus lluvias torrenciales, nada. Allí se quedó sola con cientos de miles de hormigas humanas desplazándose, huyendo, más que nada esquivando la tragedia dentro de ella misma.

Ahora en abril y mayo, la época de las lluvias, no hay pastos y los rebaños de película, se han hecho nómadas fracasando también por los caminos. Puede que los ríos dentro de poco expriman algunas sonrisas.


Familias enteras fueron a buscar refugio con otras en mejor estado que apenas pueden ya albergar a más. Los niños se van yendo despacio por esos vericuetos del hambre y la debilidad. (Una vez por semana unos cuantos son llevados a centros para darles un chute alimenticio…)

Los que pueden sobreviven en chozas improvisadas con esfuerzo, donde escasea lo más elemental, hasta sus pocas pertenencias las perdieron en el destierro. Mientras, disfrazados con calaveras, montados en grandes artilugios, siguen machacándolos.

¿Qué es lo más importante que se pide para socorrerlos? Agua… ¿No nos estremece eso?

-Carlos ¿Qué hacemos nosotros aquí?


-No lo sé Miguel, no lo sé…

-Si lo pensamos bien, amigo, esa gente, su hambre, su miseria, su muerte han sido los que han sostenido nuestro “Mundo Feliz” occidental. Ellos sufren los efectos devastadores de la guerra, guerras que sostienen nuestro mercado, nuestro nivel de vida, la producción y el trabajo. El comercio.

-…En África también hay grandes mercadillos.

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