Vida en un universo propio

 Siempre he sentido algo muy especial por los lagartos y las salamandras. Son de una belleza increíble además de sociables.

Uno de los rituales en casa ha sido dejarle los tomates que empiezan a comerse y darles trocitos de pan, algo que les gusta mucho.

Siempre he dicho que mi casa no es mía, es de todo un universo vivo donde conviven diferentes especies y lo más fascinante es que unas son depredadoras de otras o muchas veces incompatibles.

Es así como se da la escala de seres humanos, perros, gatos, conejos, perdices, aves (mirlos, canarios, herrerillos, palomas, tórtolas, rapaces y tantas más que van y vienen con las estaciones), ratitas de campo o ratones, lagartos, arañas, mariquitas, algunas moscas primaverales o veraniegas, ranas y mosquitos, hormigas. Además de una cantidad indefinida de insectos, árboles y plantas de todo tipo.

Un mundo enorme, en escalas y dimensiones diferentes, un mundo que todos compartimos más o menos alejados, más o menos conscientes de nuestro quehacer.

Realizando ciclos de vida diferentes, con edades relativas, desde una mariposa o la dama de la noche de un día, moscas de una semana, ratoncitos de meses, hormigas o abejas de 10 años, perros y gatos de unos 15, un abuelo de casi 90.

Y cuando levantas la vista… cuando ves ese cielo inacabado. Cuando cientos de cuerpos brillan en la oscuridad.

Qué cosmos maravilloso, al mirar a tu alrededor te sale una sonrisa cuando alguien pronuncia la palabra soledad.

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